Al no existir estudios detallados y rigurosos con muchos medicamentos, se desconoce con exactitud la eficacia de estos en mujeres

Patricia Durán Carrasco
En la investigación científica y clínica, la participación de la mujer sigue siendo reducida, y esta ausencia provoca que se desconozca la eficacia de muchos medicamentos. La Dra. María-Trinidad Herrero, médico de la Real Academia Nacional de Medicina (RANM) y portavoz de la Alianza Carmen, ha hablado con iSanidad para analizar las principales barreras que impiden el acceso a las mujeres a este tipo de investigaciones. Además, la Dra. Herrero explica la hoja de ruta de la Alianza Carmen para ayudar a mejorar las estructuras del sistema sanitario para que exista una igualdad real entre géneros.

¿Cuáles son las principales barreras que han limitado históricamente la participación de las mujeres en la investigación científica y clínica? ¿Qué factores explican la menor consideración de las mujeres como perfil prioritario en los estudios médicos y ensayos clínicos?
Como dijera Virginia Woolf, en la historia “anónimo era una mujer”. Por lo mismo, a lo largo de la historia, la participación femenina en la ciencia y en la investigación ha estado anonimizada y ha enfrentado graves desafíos sociales por la división del trabajo y por las relaciones de poder asimétricas que, en conjunto, abocaron a las mujeres a dedicarse a los cuidados, a la casa y a la familia, negándoseles la formación y el desarrollo intelectual.

“La irrupción y desarrollo de la medicina participativa, personalizada y de precisión va a tener un papel esencial en combatir esta inequidad”

Asimismo, a esa desigualdad contribuyó de forma decisiva que grandes filósofos muy respetados, como Aristóteles, afirmasen que el intelecto femenino no discernía como el de los varones. Así, lamentablemente, equiparar fuerza física bruta con fuerza mental ha sido un hecho universal común a todas las culturas del planeta Tierra, limitando la formación intelectual a las mujeres. Igualmente, consecuencia de idénticas falsas premisas aplicadas al razonamiento lógico, en el acceso a los sistemas de salud y a la investigación de la salud y de las enfermedades durante siglos ha imperado la inequidad, con fatales consecuencias para el bienestar del sexo femenino. 

A pesar de ser la mitad de la población del planeta, las mujeres como colectivo han sido excluidas de los estudios médicos y de los ensayos clínicos (excepto en patologías ginecológicas), y lo mismo que ha ocurrido con animales hembra en investigaciones preclínicas. Efectivamente, ha sido un desacierto generalizado que ha dado lugar a inexactitudes. Pero lo peor es que tal confusión se ha realizado argumentando criterios científicos ya que se procedía de ese modo con el fin de evitar sesgos por las características hormonales cíclicas tan evidentes en las mujeres en etapas reproductivas.

¿De qué manera influye la baja participación femenina en la investigación médica en el desarrollo, eficacia y seguridad de tratamientos y medicamentos?
Como consecuencia de ese proceder, el haber evitado la inclusión de animales hembra en estudios preclínicos y de mujeres en ensayos clínicos tiene graves secuelas ya que en la actualidad se constata gran desconocimiento de las respuestas de las mujeres a ciertas noxas. Pero también, al no existir estudios detallados y rigurosos con muchos medicamentos, se desconoce con exactitud la eficacia de estos en mujeres y, lo que es más grave, la seguridad y los efectos adversos.

“Las nuevas tecnologías bien dirigidas son una llamada de esperanza para la equidad ya que pueden facilitar el acceso a la salud universal”

Afortunadamente, la irrupción y desarrollo de la medicina participativa, personalizada y de precisión va a tener un papel esencial en combatir esta inequidad y se espera que se acrecienten no solo los diagnósticos específicos en mujeres como colectivo, sino también las respuestas a los tratamientos que, además de depender del sexo biológico, está condicionado por la idiosincrasia de cada individuo y por otros factores interseccionales, que encuadran la dimensión de género.

¿Qué papel juegan los factores socioculturales y económicos en la aparición de sesgos de género en el diagnóstico médico? ¿Cómo afectan a la salud y a la calidad de vida de las mujeres?
Los factores interseccionales, socioeconómicos y culturales, son decisivos en los procesos de mantener la salud y en las maneras de enfermar. Primero, en relación a la distribución de las riquezas, la realidad es que, a nivel mundial, las mujeres como colectivo están en desventaja económica y, por tanto, enfrentan mayor dificultad para acceder a los bienes básicos y a las calorías de calidad con nutrientes, minerales y vitaminas. Pero también existen otros factores profundamente arraigados por la transmisión de la cultura y de las formas sociales que incluyen las creencias, las costumbres, la distribución del poder, la organización social, los rasgos, los sistemas de valores que incorporan la forma de relacionarse y de comportarse.

Así, para las mujeres no solo existe sobrecarga de los cuidados y de las responsabilidades familiares y domésticas, sino también falta de autoridad y de prestigio, lo que favorece y perpetua los estereotipos de género que se aprehenden (por imitación) desde que nacemos y que quedan grabados “a fuego” matizando nuestra forma de comportarnos e incluso de pensar.

“Para las mujeres no solo existe sobrecarga de los cuidados y de las responsabilidades familiares y domésticas, sino también falta de autoridad y de prestigio”

Por ello, se han definido los determinantes sociales de la salud porque todas esas condiciones comportan riesgos que modifican la calidad de vida, los estándares básicos y, en definitiva, la forma de mantener la salud, las susceptibilidades para enfermar y el acceso real a los tratamientos. Por poner un ejemplo universal, las mujeres tardan más en solicitar atención médica porque, por delante de su propia salud, dan preferencia a otros individuos de su núcleo de relaciones y a otros aspectos de la dinámica familiar.

¿Cómo se reflejan estas diferencias de género en la tecnología sanitaria? ¿Qué factores deben tenerse en cuenta en el diseño de tecnologías sanitarias para garantizar que sean eficaces y seguras para ambos sexos?
Cuando en temas de la salud pensamos en equidad, inmediatamente recapacitamos y concluimos que la salud debe ser universal y que todas las personas tienen el derecho inclusivo para contribuir a desarrollar una vida sana. Pensando globalmente, esta sentencia debería evidenciarse independiente de la edad, de la etnia, de las discapacidades, de la lengua, de la formación, de la orientación sexual, de la religión o de dónde haya nacido, de su situación socioeconómica y del sexo biológico.

Todo ser humano debe tener acceso a la salud integral, física, psíquica, social y espiritual. Sin embargo, el imperio creciente de la tecnología sanitaria, su uso y acceso, también está mostrando una brecha de género que si no lo impedimos irá creciendo. Pero, no es demasiado tarde, es el momento de actuar de forma proactiva.

Las nuevas tecnologías bien dirigidas son una llamada de esperanza para la equidad ya que pueden facilitar el acceso a la salud universal al brindar de forma más sencilla la aplicación de políticas sociosanitarias y de programas y su planificación que ayude a conseguir soluciones “a la carta”.

“Las mujeres como colectivo han sido excluidas de los estudios médicos y de los ensayos clínicos”

La tecnología bien aplicada debe ser entendida como aliada para rehumanizar la asistencia y para garantizar la atención y la accesibilidad a todos los recursos disponibles que procuren la salud global a todos los individuos, independiente de su género y de otras consideraciones socioculturales o económicas, sin olvidar la privacidad. No obstante, la experiencia está anegada de indicios negativos que deben ser superados con ingenio y con determinación y, tanto para la investigación biomédica como para la asistencia sanitaria, serán necesarias políticas proactivas, con mandatos decididos y comprometidos con la equidad, a los que se haya llegado por consenso de todos los representantes políticos.

De esas desigualdades nació la Alianza Carmen, de la que usted es portavoz médica. ¿Qué hoja de ruta se marcan para 2026?
Teniendo en cuenta los retos sociosanitarios que enfrentaremos, además de la aplicar la ciencia biomédica que nos brinda evidencias, no conseguiremos nada si no actuamos con diligencia, pero sosegadamente y con estrategia, para que la ciencia y la clínica se coordinen con el poder político y con las fuerzas público-privadas, que todos hablen el mismo lenguaje, que se entiendan y que se llegue a consensos que articulen el cambio.

Basándose siempre en evidencias científicas, el ser humano es una unicidad, pero la salud implica el bienestar de muchos órganos y sistemas que están interrelacionados. Tradicionalmente el cuerpo se ha estudiado por especialidades, por ello, desde la Alianza Carmen se van a favorecer encuentros con los portavoces y responsables del área de la salud de género de cada sociedad científica, sin ignorar a la Federación de Asociaciones Científico Médicas Españolas (Facme), como la federación dónde se aglutinan todas las sociedades científicas de salud humana.

“La Alianza Carmen se van a favorecer encuentros con los portavoces y responsables del área de la salud de género de cada sociedad científica”

También los órganos colegiales de médicos y médicas de toda España, con la Organización Médica Colegial a la cabeza, y la conferencia de decanos y de decanas de las Facultades de Medicina de España, ya que la medicina de género y la equidad en salud deben incluirse de forma transversal y reglada en los programas y en el currículum de medicina y de las demás profesiones sanitarias. También las Reales Academias de Medicina, la Nacional y las de las Comunidades Españolas y, sin olvidar a los jóvenes, a los médicos de las nuevas generaciones, tanto a los representantes de residentes que están formándose en todas las especialidades, como a los delegados de estudiantes de medicina ya que son el futuro y los cambios son mejor hacerlos en personas con cerebros más plásticos, menos viciados que son los que dominarán y los que vivirán en el horizonte del siglo XXI.

Desde la Alianza Carmen, queremos desarrollar también una labor divulgativa con el objetivo de acercar a la sociedad en general las distintas desigualdades de sexo y género que afectan a la salud de las mujeres. También convencer de la bondad y de la necesidad de la iniciativa a los poderes públicos de todos los partidos políticos, en el Congreso, en el Senado, en el Parlamento Europeo ya que ellos van a ser los ejecutores del cambio al poder promulgar leyes. Por supuesto, también enfocarnos en la generación de conocimiento, en estos momentos estamos desarrollando una encuesta sobre la salud de las mujeres para saber más sobre las dificultades que enfrentan. Esperamos poder publicar los resultados en este semestre.

“Se debe contribuir a cambiar mentalidades con el fin de que, de forma proactiva, con evidencias científicas, mejore la salud de las mujeres de forma integral”

Para ello, el 25 de mayo nos reuniremos todos los actores en la Real Academia Nacional de Medicina de España, en Madrid, para trabajar juntos y tratar de emitir una Declaración para conmemorar el día Internacional de la Salud de las Mujeres, que se celebra cada 28 de mayo. Así, tras esas tormentas de ideas podremos darlo a conocer a la opinión pública con el fin de despertar conciencias ante una realidad histórica altamente injusta. Esa brecha debe cerrarse.

La Alianza pone de relieve la colaboración entre industria, profesionales sanitarios e instituciones. ¿Por qué es importante atajar este problema de manera coordinada y qué pasos detecta que se están dando en cada uno de estos niveles?
Si, la Alianza Carmen, que comenzó siendo desarrollada por Organon, después encontró eco en otras empresas como son Medtronic, Nutricia, Danone y Ogilvy, es un ejemplo de colaboración entre industria, profesionales sanitarios e instituciones que, con objetivos comunes, trabaja con esfuerzos y directrices coordinadas, con “voluntad de cambio”, lo que es definitivo para conseguir las metas.

Primero se trata de ir mostrando las brechas de género reales en el ámbito sociosanitario, tanto en la atención como en la investigación. Igualmente, se debe contribuir a cambiar mentalidades con el fin de que, de forma proactiva, con evidencias científicas, mejore la salud de las mujeres de forma integral. Esta Alianza no pone puertas al campo, es inclusiva, y está abierta para que, como protagonistas, participen mujeres y hombres. Se trata de exprimir sus cerebros, que todos sean aliados activos de “Carmen”, que interactúen definiendo cuales son los obstáculos para la igualad en salud, detallando cuales son las brechas y las barreras y, con imaginación y realismo, puntualizando como planificar soluciones ideando nuevos programas integrados y proactivos. 

“Si no tenemos en cuenta a cada individuo y sus circunstancias sociales, culturales y económicas seguiremos manteniendo los sesgos”

Por todo ello, ¿qué cambios estructurales cree que serían necesarios en el sistema sanitario y en la investigación para garantizar una mayor equidad de género?
Es evidente que las brechas de género en temas sociosanitarios son desafíos estructurales de la salud global. Al igual que cuando hablamos de salud de las mujeres lo hacemos en plural subrayando la individualidad de las circunstancias de cada persona, también los cambios estructurales son singulares, pero variados. Entendemos por cambios estructurales las fuerzas que son capaces de promover y de mantener el desarrollo y el crecimiento a largo plazo.

Se deben cambiar las mentalidades desde la base, desde la educación primigenia, desde los patrones conductuales. Solo así se podrán modificar las jerarquías. Cuando se habla de inequidad, que ha sido construida históricamente, implica que hay unos colectivos que tienen ventajas mientras otros sufren desventajas. En el caso de la inequidad de género, las jerarquías son evidentes y han dado lugar a la división de papeles en el trabajo que han supuesto discriminación de acceso a la educación, con aumento de las brechas salariales y feminización de la pobreza.

La Alianza Carmen quiere desarrollar también una labor divulgativa con el objetivo de acercar a la sociedad en general las distintas desigualdades de sexo y género que afectan a la salud de las mujeres”

En el sistema sanitario, con mayoría de mujeres formándose en las facultades, debería articularse un cambio educativo y enseñar con evidencias científicas, proclamando que el no incluir mujeres en la investigación científica sanitaria es un error que tiene consecuencias nefastas. Pero hay que avanzar más. Si ya se está consiguiendo la inclusión de la variable sexo biológico en las investigaciones, ha llegado el momento de hacer nuevos esfuerzos e incluir de forma sistemática la variable género.

Porque si no tenemos en cuenta a cada individuo y sus circunstancias sociales, culturales y económicas seguiremos manteniendo los sesgos. En consecuencia, los resultados de las investigaciones seguirán siendo imperfectos y mejorables y con consecuencias negativas palpables para la salud de muchos individuos. Es cuestión de voluntad porque parafraseando a Indira Gandhi, estamos convencidas de que, a pesar de ser el sexo débil, “la fuerza no proviene de la capacidad física, sino de la voluntad indomable”.

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